Visitantes de Pícalo

El Nido: Incubadora de Creatividad

Este espacio, ubicado en el corazón de Bayamón, aborda el entretenimiento, la cultura, la gastronomía y la moda.

El Nido invitó a los artistas a quedarse en una residencia para artistas en Bayamón y hacer turismo interno llevándolos a escalar y al río, entre otras actividades.

Tras 13 años de abandono, un edificio bayamonés -construido en 1873- se ha convertido en plataforma para proyectos que abordan el entretenimiento, la cultura, la gastronomía y la moda.

Conocido como El Nido, el espacio le hace honor a su nombre porque ha servido de cuna para los sueños de sus creadores, Emilio Meléndez y Vanessa Cardez.

La pareja, formada por un sociólogo y una psicóloga industrial, festeja mañana el primer aniversario del local. Su logro es haber alcanzado lo que muchos dudaron: que podían echar hacia adelante su concepto de espacio cultural, restaurante-barra y “concept store” en una zona poco transitada del área metropolitana.

El proyecto tiene su origen en la marca de camisetas Pícalo. Emilio creó el concepto en 2007 tras graduarse de un bachillerato en Sociología y encontrar pocas alternativas para desarrollarse en ese campo. Al mismo tiempo, la empresa le permitiría dejar volar su espíritu creativo y emprendedor.

A la creación de camisetas, decidió darle su estilo con mensajes o símbolos dirigidos a enaltecer la puertorriqueñidad o simplemente plantear su visión acerca de la situación colonial de la isla.

Así empezaron a aparecer en las piezas de ropa y gorras las frases: “100 x 35 (no es igual) a 51”, “Jíbaro soy” (impresa en una camiseta utilizada por el pelotero Carlos Delgado cuando perdió su número por negarse a estar de pie mientras se tocaba el himno de Estados Unidos previo a sus partidos) y muchos otros.

“Pícalo es un pitirre y la mitad de su pecho es una estrella. Es una idea bien dirigida al refrán: a cada guaraguo le llega su pitirre. El lema es: “Picando conciencias”, porque una de las ideas es llevar un mensaje social positivo con nuestros diseños. Un mensaje bastante contundente, con crítica social”, explicó Meléndez.

En aquel momento, Pícalo se vendía en las tradicionales mesas de los festivales de pueblo y eventos parecidos, pero cuando Emilio intentaba llegar a establecimientos de ropa lo más común era el rechazo.

Entonces, al cabo de un tiempo buscando alternativas se sumó Cardez a la vida personal y profesional de Emilio (hoy es su esposa) y las cosas comenzaron a mejorar. Ella creó un modelo de representantes de ventas que se caracteriza por emplear a personas muy identificadas con la marca que, sin invertir un centavo, ganan la misma comisión que los dueños.

La acogida de los productos, en parte gracias a esta estructura de ventas, obligó a la pareja a desarrollar aún más Pícalo. Entonces empezaron a investigar sobre tendencias de modas y decidieron crear colecciones. La primera se llamó “Barrios” y mostraba distintas zonas de la isla. Le siguieron “Recuerdos”, sobre los juegos tradicionales e “Identidad”, con 11 íconos de la cultura boricua.

Perseguir lo “imposible”

Meléndez, nacido y criado en Bayamón, llevaba años anhelando desarrollar el local donde hoy ubica su negocio. Soñaba con él, le tomaba fotos y vídeos mientras imaginaba sus posibilidades. Así es que cuando el municipio de Bayamón inició la compra y restauración de propiedades en el casco urbano, Meléndez no dudó en presentar su propuesta, pero fue denegada. El tiempo pasó y él insistió hasta que El Nido pasó de su imaginación a la realidad.

Meléndez y Cardez crearon los espacios de tienda -con 30 marcas locales- y restaurante donde se sirve un menú pequeño (hamburguesas y tapas) privilegiando los productos locales y sirviendo únicamente rones y cervezas de aquí.

En medio del proceso de construcción surgió un hallazgo inesperado: un aljibe donde se encontraron botellas que datan de 1094 que próximamente se exhibirán en una de las paredes del local.

La sorpresa atrasó la apertura, pero fue aprovechada por los dueños de El Nido para continuar creando. Aunque la idea de establecer una vinera en el antiguo aljibe era lo más lógico, ellos decidieron crear una pequeña cabina para realizar “Live Sessions” musicales que utilizarán en las redes sociales para promocionar a sus artistas invitados. El miércoles pasado, el espacio recogió la voz de los exponentes de música urbana, El Aldeano y Silvito “El Libre”, ambos de Cuba.

El Nido invitó a los artistas a quedarse en una residencia para artistas en Bayamón y hacer turismo interno llevándolos a escalar y al río, entre otras actividades.

De martes a domingo, la plataforma musical y cultural de El Nido presenta una variada oferta que incluye música urbana, reggae, improvisación teatral, música típica, cantautores y otros proyectos que los dueños escogen con cuidado para garantizar que sean de alta calidad.

Todos los terceros domingos de mes celebran el bazar “El Chicharrón”, que se ha convertido en una actividad familiar esperada por residentes de Bayamón y visitantes de otros pueblos. El público llega a comprar artículos hechos en Puerto Rico, entre los que se encuentran quesos, panes y productos agrícolas. Mientras, disfrutan de música en vivo y actividades para distintos intereses, que pueden incluir clases de yoga y entretenimiento para niños.

¿Lo próximo? Lanzar su propia marca de cerveza, una tienda en línea y la posibilidad de continuar creando “nidos” aquí y en otros lugares donde la diáspora pueda encontrar entretenimiento y productos únicos hechos en Puerto Rico.

Editado

Fuente: endi.com

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